Sor Juana Inés de la Cruz, orgullo de nuestra hispanidad

Por: Oscar Müller Creel

Corrían los finales del siglo XVI y Doña Isabel, una mujer adinerada, ya era mayor, se encontraba viuda y le preocupaba asegurar la forma de pasar los últimos años de su vida, comentaba esta situación con el arzobispo y surgió la idea: establecer un convento de hermanas dedicadas a la vida religiosa, donde pudiera estar cuidada al final de su vida. Se procedió a realizar las obras erigiéndose así un edificio destinado a convento que se destinó a la orden religiosa de San Jerónimo, seis patios tenía ese claustro. Un siglo después, por los pasillos de esos patios rodeados por pilares que separaban los dos niveles que le componen, caminaba una joven monja, su nombre de pila era Juana Ramírez de Asbaje, en sus paseos meditaba y formaba combinaciones de lenguaje que luego las plasmaba en el papel, su nombre monacal fue Juana Inés de la Cruz quien, con el correr de los siglos, sería conocida como “La Décima Musa”, mérito que le deriva de su obra poética y literaria que evidencia una mente privilegiada, obra que cruzó el mar y admiró a las mentes europeas de esos tiempos.

El edificio del que hablamos tuvo una vida azarosa, las inundaciones y los temblores le afectaron en diversas ocasiones, en 1867, con las leyes de Desamortización de Bienes, expedida por Benito Juárez, el edificio pasó a manos del gobierno que lo utilizó como cuartel, caballerizas y hospital militar; ya en el siglo XX fue teatro y salón de baile, luego abandonado convirtiéndose en vecindades y locales comerciales. A finales de los años sesenta el Antropólogo Arturo Romano realizó excavaciones en las que encontró utensilios como hebillas o alfileres. pequeñas cruces y alambre formando ramos, también una placa de mármol que reza: «En este recinto que es el coro bajo y entierro de las monjas de San Jerónimo fue sepultada Sor Juana Inés de la Cruz, El 17 de abril de 1695, año de 1964.»

Hay un cuadro de Sor Juana Inés de la Cruz, pintado por el artista mexicano Miguel Cabrera, en el que se le representa con sus hábitos monacales, en una biblioteca, su mano derecha reposa sobre un libro, mientras la izquierda lo hace sobre el sillón; su pecho está cubierto por un medallón ovalado en el que se observa a un ente alado con una capa roja que sostiene en lo alto una espada, abajo de este una mujer cubierta con una capa color azul, en posición hincada frente a un atril de mesa en el que hay un libro abierto, esa imagen figura “La Asunción” y es posiblemente la más famosa que se cuente de la admirable literata mexicana.

Las edificaciones que componían lo que fuera el convento de San Jerónimo, fueron rescatadas por el gobierno mexicano mediante expropiación y declaradas monumento nacional en 1976, iniciándose desde luego las excavaciones, lo que no fue fácil, pues debido a la naturaleza lacustre del terreno, el edificio, por su propio peso, se fue hundiendo con el paso de los siglos. En 1978 el Antropólogo Arturo Romano Pacheco, descubrió hasta seis niveles de enterramiento, identificando 42 fosas distribuidas en seis filas y siete hileras, pero debido a trabajos realizados con los años solo quedaban 26 de estas para estudiarlas, de ahí se descubrió que los cuerpos habían sido amortajados y contenían ramos y coronas propias de ornamentos funerarios, pero dos féretros se distinguían de los demás por la calidad de su madera y herrajes, los cuerpos no estaban cubiertos por mortaja, sino por vestiduras religiosas de gala y en una de ellas un medallón de carey.

El análisis morfo métrico de los cráneos y el estudio de los cambios y todas las características de los esqueletos permitieron determinar la edad y sexo de los restos, uno de ellos correspondía a una mujer joven y el otro a una mujer en etapa de madurez, el cráneo de este último se analizó tomando en consideración una pintura anónima de Sor Juana localizada en el convento de Santa Paula y San Jerónimo en España, resultando en una correspondencia en la forma y dimensiones del cráneo encontrado con la reproducción a escala del retrato de dicha pintura, determinándose también que el cadáver corresponde a una mujer que falleció a la misma edad que se le atribuye a Sor Juana al momento de su muerte.

Se habían encontrado los restos de la “Décima Musa”. Pudieran existir dudas, pero estas fueron acalladas décadas después, cuando el Instituto Nacional de Antropología e Historia, realizó nuevos análisis para elevar el grado de certeza sobre la identidad de los restos. En 2011, se iniciaron protocolos de biología molecular para intentar obtener ADN mitocondrial y compararlo con descendientes colaterales de la familia de Sor Juana y en 2015, en el marco del 320 aniversario luctuoso, se reafirmó una seguridad de casi el 99% sobre la autenticidad de los restos basándose en la correlación de las evidencias arqueológicas y forenses.

 

¡Sor Juana Inés de la Cruz, una mujer novohispana que trascendió a su tiempo y es ahora reflejo de la fuerza de la mujer, producto de la mezcla de culturas que orgullosamente, dio origen a nuestro actual México¡

Por Oscar Müller Creel

Oscar Müller es Doctor en Derecho y tiene el grado de Maestro en Administración de Justicia y candidato a maestro en periodismo. Es originario de la ciudad de Chihuahua, México. Es colaborador en Radio Claret América de  Chicago Illinois, en temas de Derechos Humanos y Administración de Justicia y sus columnas de opinión se han publicado en el periódico Hoy del grupo Tribune Publishing Company de Chicago Illinois EUA, la cadena noticiosa Hispanic Digital Network de CISION, así como en el Heraldo de Chihuahua del grupo Organización Editorial Mexicana. Ha escrito libros sobre Derechos Humanos y Ética del Abogado, así como artículos científicos en Universidades de México, Colombia y España. Correo: mullerod@hotmail.com