La violación de un menor

El internado para niños estaba dividido en tres grupos: pequeños, medianos y grandes, según sus edades y cada grupo tenía un encargado que estaba a cargo de ellos; este joven pertenecía a la categoría de medianos, eran aproximadamente 20 muchachos que fluctuaban en edades de 12 a 15 años. Dormián en un galerón con las camas adosadas a ambas paredes y junto a su lecho, un pequeño ropero donde guardaban sus pertenencias; solo había una entrada al dormitorio, al otro lado se encontraban los lavaderos y excusados de un lado y del otro las regaderas. En el dormitorio había también una cama rodeada por cortinas, donde pernoctaba el encargado que era una persona mayor de 20 años.

Cada joven tenía asignada su cama y la rutina era levantarse temprano, vestirse, tender la cama y de ahí pasar al desayuno, luego del cual entraban a clases que duraban hasta el mediodía, pasaban a comer y después venía un receso en el que, por lo general practicaban algún deporte, enseguida iban al salón de estudio, donde cada cual preparaba sus trabajos escolares para el día siguiente o escribían a padres o familiares cartas que luego guardaban en sobre que cerraban y entregaban al encargado de su grupo que las hacía llegar a las oficinas para que les agregaran las estampillas y enviarlas. Para nuestro protagonista, esa correspondencia era la única comunicación que tenía con sus padres, pues el internado se encontraba  a mas de 12 horas de camino por carretera, por otro lado su familia era numerosa y sus padres se encontraban siempre ocupados trabajando y cuidando al resto de sus hijos.

El edificio del internado era grande y estaba dividido en dos áreas, en una se encontraban las instalaciones de una escuela técnica donde jóvenes de familias humildes aprendían oficio como mecánico, carpintero, impresor, etc. La otra área estaba destinada al internado, en un lado se encontraban los dormitorios para internos, en otra parte los salones de clases de secundaria y bachillerato, así como espacios para práctica de deporte, especialmente basquetbol y futbol soccer en el final había una perrera donde grandes perros, siempre agresivos hacia quien se les acercara, se mantenían encerrados todo el día y eran soltados por la noche.

Este joven que apenas había cumplido 13 años, se sorprendió cuando el encargado le dijo que ahora le había sido asignada la cama más cercana a la puerta de salida y le ordenó cambiara a ese espacio todas sus pertenencias, lo que hizo acostumbrado a la obediencia y confianza hacia sus superiores propia del ambiente en el que vivía.

Una noche, cuando todos los internos estaban dormidos, el encargado le despertó diciéndole que el director quería hablar con él y le acompañó hasta la oficina/dormitorio del director, le dejó ahí y se fue. Aquel hombre maduro ya pintaba canas en las sienes y se encontraba sentado en la orilla de la cama, empezó halagándolo hablándole sobre sus buenas calificaciones y sus habilidades en el deporte y de como su cuerpo se había fortalecido por el deporte, en un momento de aquel monólogo, le pidió se quitara la camisa de la pijama, el joven obedeció y aquel hombre empezó a acariciar el torso del joven.

Después de eso, continuamente se le ordenaba, en la noche, acudir con el director, los recuerdos se volvieron confusos, alguna vez amaneció tirado sobre una cobija o colcha a los pies de la cama del director y en otra ocasión se le interrumpió por el encargado a la hora de comida para que llevase algo al comedor de los maestros y en su memoria recuerda, en forma confusa, como el director le presumía como si fuese un trofeo de caza y que el rostro de algunos de los presentes esbozaba disgusto.

Un amigo de la familia, quien había recomendado a los padres de ese muchacho aquel internado, le fue a visitar y le comentó que sus padres estaban preocupados pues tenían tiempo que no recibían cartas de él, a lo que le contestó que había seguido escribiendo con la regularidad de siempre y que el no había recibido tampoco correspondencia de su casa. En esa visita también le comentó que le estaba yendo muy bien y que lo apreciaban tanto que a veces se quedaba a dormir con el director. Su interlocutor le pidió que fuera mas conciso y luego hizo un gesto de sorpresa y desagrado.

Al poco tiempo fue llamado a la enfermería cuyo el encargado le dijo que estaba enfermo y que debía quedarse ahí. Le interrogó también sobre si recordaba de haber visto sangre en su ropa interior. Durante varios días se quedó en ese lugar sin tener contacto con sus compañeros u otros miembros de la comunidad, hasta que se le presentó un encargado, con una caja llena de las pertenencias que guardaba en el ropero y le dieron dinero diciéndole que sus padres le habían mandado llamar y que debía ir a su casa, le echaron del del edificio, abandonadolo a su suerte, hacía poco que había cumplido los trece años, por suerte la central de camiones se encontraba a algunas cuadras del internado y así logro tomar el camión que le llevó a una ciudad donde transbordó.

Llegó a la ciudad donde vivía de madrugada y caminó hasta la casa familiar donde tocó la puerta, después de un buen rato uno de sus padres se asomó por la ventana del cuarto que estaba en el piso superior y preguntó:

-¿Quién llama?

– soy yo papá, contestó el muchacho ante la sorpresa de sus padres…

Enrique Echeburúa-Odriozola, de la Facultad de Psicología, Universidad del País Vasco, menciona el daño que causa a largo plazo el abuso sexual de menores, con consecuencias que se presentan en la vida adulta de la persona a través de conductas ansiosas y depresivas, abuso de alcohol y drogas o trastornos alimentarios. Puede afectar la vida amorosa de las personas debido a un sentimiento de desconfianza y miedo a la entrega o un sentimiento de culpa o ira.

Conforme al mencionado científico, el abuso sexual del menor implica una experiencia traumática que se presenta en estado de indefensión y que causa un grave desequilibrio emocional; por lo que la mente del menor crea una defensa que se conoce como amnesia selectiva, que consiste en alejar de la mente consciente los sucesos que han causado grave daño, sin que dejen de estar presentes en el inconsciente los recuerdos que presentan una fuerte carga emocional en la persona.

En ocasiones, cuando la persona llega a la edad adulta pueden presentarse recuerdos aislados de lo sucedido, pero estos suelen ser aislados pues la experiencia es de tal grado llena de dolor y emociones negativas como el dolor, el odio o la culpa, que la memoria impide crear una imagen clara y definitiva de los hechos.

El abuso sexual de un infante causa un daño que permanece el resto de su vida y que inconscientemente se traduce en una serie de afecciones psicológicas que van desde la baja autoestima hasta la ira explosiva, repercutiendo en quienes le rodean y así el placer de un abusador causa un daño generacional del que la víctima no es consciente.

Recuerda que ha empezado la cuenta regresiva para las elecciones del 2024. De nuestra presencia en las urnas dependerá el futuro de México y el país que las generaciones jóvenes dejen a sus hijos. No te olvides de impulsar a los ciudadanos para que el 2 de junio del año entrante acudan a las urnas.

Por Oscar Müller Creel

Oscar Müller es Doctor en Derecho y tiene el grado de Maestro en Administración de Justicia y candidato a maestro en periodismo. Es originario de la ciudad de Chihuahua, México. Es colaborador en Radio Claret América de  Chicago Illinois, en temas de Derechos Humanos y Administración de Justicia y sus columnas de opinión se han publicado en el periódico Hoy del grupo Tribune Publishing Company de Chicago Illinois EUA, la cadena noticiosa Hispanic Digital Network de CISION, así como en el Heraldo de Chihuahua del grupo Organización Editorial Mexicana. Ha escrito libros sobre Derechos Humanos y Ética del Abogado, así como artículos científicos en Universidades de México, Colombia y España. Correo: mullerod@hotmail.com